Malviven del poder de la palabra,
acomodan sus cuerpos deleznables
al carro de la Historia.
Lo único estable pareciera ser
su magisterio docto
de nombre impronunciable,
la sátira y el vicio de ironía.
Olvidan que el camino es de los líquenes
y los musgos de tierras arrasadas
por pedregal y ralea.
El tamaño del delirio del poeta
es menos malo aun, es menos torvo,
que sus ínfulas de autores influyentes.
El hueso de la vida los corroe
con el pesimismo ilustre
de sus veinte millones de euros en la cuenta.
miércoles 16 de abril de 2008
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